Todo Acerca de la Lactancia Materna

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Hay madres a las que por suerte les baja la leche de la manera necesaria para poder dar el pecho a sus pequeño o pequeña recién nacido/a pero por el contrario otras no y deben de adaptarse a las leches de formula.


En muchas ocasiones hemos halado de estas segundas, de las formulas y todos los tipos que hay, pero hoy es el momento de las madres que les dan el pecho a sus bebés así que si te interesa saber más quédate:



El establecimiento de la lactancia materna debe darse cuanto antes, si es posible debe ponerse el niño al pecho inmediatamente después de nacer. El instinto del bebé es tan fuerte en ese momento que es capaz de reptar hacia el pecho materno guiado por el olor y succionar por sí solo.

La lactancia precoz, iniciada en la primera hora de vida, es la llave para una lactancia exitosa. En las horas posteriores al parto se produce una impronta muy fuerte entre la madre y el bebé, un período sensitivo que favorece el vínculo afectivo y la instauración de la lactancia materna.

Por ello es muy importante la no separación de la madre y el bebé después del parto, para facilitar el contacto precoz entre ambos, una necesidad biológica que no debería impedirse, tampoco después de una cesárea, salvo en casos de patología graves, que son los menos. También se recomienda evitar el uso de chupetes o tetinas durante las primeras semanas, para no confundir al bebé hasta que la lactancia materna esté bien establecida.

Es una de las cuestiones que más preocupa a las madres después del parto ¿Me subirá la leche? La leche sube si o si pues la subida de la leche es la consecuencia de un proceso hormonal que se desencadena después del parto, haya sido parto vaginal o cesárea. Y en ambos casos, el tiempo que demora en subir la leche es el mismo, entre el primero y el tercer día después del parto, es un mito que con una cesárea la subida de la leche materna tarde más

Hasta que se produce la subida de la leche, los pechos de la madre producen calostro, un líquido amarillento y espeso que contiene todo lo que el recién nacido necesita. Entre otros beneficios, facilita la eliminación del meconio, las primeras heces del bebé, favorece la flora bacteriana del bebé, y debido a su consistencia es ideal como entrenamiento, practicando el ejercicio de succión-deglución-respiración.

El calostro no es leche mala, ni falsa, ni mucho menos, es fundamental para el bebé. Está compuesto por inmunoglobulinas, agua, proteínas, grasas, carbohidratos y otros componentes, conformando un líquido seroso. Poco a poco, el calostro se va volviendo más ligero y blanquecino, dando lugar a la leche. De modo que hasta la subida de la leche, el bebé no necesita ningún otro alimento.

El bebé no debe tener horarios para alimentarse, es él quien manda. Aunque haya tomado el pecho hace poco, puede haberse quedado con hambre o necesitar consuelo en el pecho. El estómago del bebé no es como un vaso que se llena y debe esperarse 3 horas para que se vacíe y volver a ofrecerle.

Por otro lado, hay una ley de oro en la lactancia materna: el reflejo de succión. Al succionar el bebé el pezón, se produce un estímulo que envía al cerebro la orden de producir prolactina, hormona encargada de la producción de leche. Es como una bomba. Por tanto, al ofrecerle el pecho a demanda mejora la producción de leche.

Es importante además respetar el ritmo de la toma del bebé, olvidaros del reloj. La consistencia de la leche no es la misma al principio que la final de la toma, por tanto debe ser él mismo quien decida cuando dejar de tomar. Lo hará cuando esté saciado.

Una buena postura facilita un agarre correcto del bebé al pecho, un aspecto fundamental para que reciba la cantidad de leche que necesita y evitar problemas en la madre como la aparición de grietas.

Para que haya un buen agarre durante la succión, la boca del bebé debe cubrir gran parte de la areola mamaria y el pezón debe estar completamente dentro de la boca del bebé, sobre el paladar blando, en la parte posterior de la boca.

La leche materna posee un efecto protector contra infecciones gastrointestinales, así como contra otro tipo de infecciones y enfermedades como catarros, bronquiolitis, neumonías, otitis, meningitis, infecciones de orina, alergias, asma, obesidad infantil, enterocolitis necrotizante e incluso del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL).

Después de los primeros meses, la producción de leche se va autorregulando. Ya no sentirás los pechos rebosantes, ni gotearán como al comienzo, pero eso no significa que ya no tengas leche.

Hay niños que son amamantados durante toda su infancia, incluso hasta los cinco, seis, siete o más años. La lactancia prolongada no tiene contraindicaciones, más allá de las dificultades sociales que plantea, contra las que se puede lidiar si la madre y el niño así lo desean.